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30.11.16

BARCELONA NATURALMENTE BIS





Hola de nuevo, y gracias por compartir tu tiempo conmigo. Un guiño para mis seguidores catalanes: Encarna, Carlos, Conxita, Antonio, Carolina, Leticia, y muchos más que andáis por ahí….

Visitar Barcelona después de tantos años ha sido para mí una experiencia sensorial que no es fácil de describir. Tal vez sea por eso que haya necesitado hacer dos entradas para trasmitir lo que me inspira esta ciudad.




La esencia de Barcelona está en los materiales con los que están compuestos sus emblemas. Brillan con luz propia. Diseñados para impresionar desde el detalle.



En otras ciudades me llaman la atención las grandes proporciones de los monumentos y esa simetría que es legado de los arquitectos griegos clásicos. En esta ciudad es otra percepción. La vista descubre una realidad física más ligada al entorno, a la línea curva, y ahí está el misterio y el encanto de Barcelona.




Es una ciudad referencia del arte modernista. Un arte que se ha trasmitido en el tiempo. Lo vemos en construcciones, en interiores, en esculturas. No hay proyecto nuevo que no recoja una pincelada de Art nouveau. Se ve en la Sagrada Familia, en el Parque Güell, en esas calles y avenidas y en los nuevos edificios. Y en esos tantos detalles salpicados por la ciudad que me fascinan: sus farolas, sus ventanales y balcones y esos rincones donde la historia comenzó.




Qué decir del trabajo de Gaudí, el artista emblemático de esta ciudad. Rompió moldes en su tiempo y consiguió darle una gran libertad a su creatividad. Sus obras no solo me sorprenden sino que incluso me divierten. Sus piezas artísticas tienen la luz como protagonista del espacio escénico, sus maquetas son un decorado natural y el trencadis policromático le saca los colores a ese traje de fantasía con que viste sus creaciones. No puedo evitar imaginarme como disfrutarían rompiendo platos, tazas de café, botellas y baldosas para crear este mundo multicolor despertando la memoria de los artistas romanos.




Parque Güell: ¿qué sería Barcelona sin este parque? me traslada a los cuentos infantiles de esos de los que comenzaban como “Érase una vez un bosque verde salpicado de senderos y columnas extrañas petrificadas y en el corazón del bosque hay un templo guardado por animales convertidos en gárgolas. El templo de Olot tiene cien columnas y almenas sinuosas multicolores. Cuenta la leyenda que el alma de un dragón dormido y de una serpiente orejuda vigilan este lugar. Hay casitas de chocolate con torres de caramelo que te distraerán y que harán las delicias de los niños pero ¡cuidado! Puede que el dragón y la serpiente salgan de su sueño eterno y entonces…..”






Mi lugar preferido es la sala hipóstila con sus columnas y plafones de cerámica en las bóvedas del techo. Justo encima está esa gran plaza con el banco sinusoidal de cerámica policromada, diseñado por Josep María Jujol. Visto desde abajo parece como una cornisa multicolor. Este picadillo de azulejos, loza blanca, baldosas de cerámica esmaltada y vidrio forman un inconfundible collage presente no solo en los bancos de la plaza, en las casas y en las escalinatas. 







Los caminos del parque siguen las curvas de la montaña y salvando niveles hay viaductos de roca calcárea del lugar como si se tratara de grutas naturales. El más famoso es el pórtico de la Bugadera. 





Destacan sus columnas inclinadas que vistas desde el interior es como si estuvieras en una ola petrificada.





Pero tal vez el elemento más fotografiado, considerado el emblema del parque, sea la escalinata donde están las fuentes del dragón (o salamandra) y la serpiente hechos también de trencadís y con las paredes llenas de bonitos mosaicos cóncavos y convexos. 





Flanqueando la entrada e integrados en la muralla encontramos los dos pabellones de fantasía convertidos en museo y recepción. La torre de la cruz, los ventanales y esa torre de hongo fálico.




Si bajamos hacia el centro de la ciudad el modernismo urbano me sigue sorprendiendo en la arquitectura de esa identidad catalana del 1900 ¡Cómo me hubiese gustado entrar a alguna de estos edificios residenciales burgueses y ver la maravilla que encierran en sus vestíbulos, escaleras y galerías! Pero bueno esta indiscreción la dejaremos para otro momento, por ahora me conformo con ver sus Fachadas.








Hay una parte de estas fachadas que están decoradas con esgrafiados, ese arte que no es ni pintura ni es escultura y que tuvo su apogeo entre 1765 y 1810; una técnica de revestimiento mural con dibujos de plantas y flores. Son muy bonitos. 




Otro detalle es el de las tribunas. Por lo general, están en algunas plantas del edificio pero podemos encontrarnos algunas que pueden estar en toda la esquina del edificio o hasta ocupar las cinco plantas, con trabajos estupendos de ebanistería que adoptan formas geométricas. Las cristaleras suelen ser, por lo general, policromadas, muchas con motivos florales.









La forja de las barandillas de los balcones es muy llamativa. El metal se retuerce, se curva, se alarga en formas de vegetales y de animales.





Otro elemento que me cautiva y me sorprende son las grúas de izar muebles que están presentes en todos los edificios de las calles y avenidas más estrechas. Para terminar estos bocetos de arquitectura destacar la diversidad de coronamientos y pináculos que hay incluso algunos con adornos de cerámica. Podría pasar días contemplando estos detalles en la rambla de Cataluña y Carrera Gran de Gracia.


Seguir en La Rambla es para terminar visitando, como no, el mercado de la Boquería, del 1840. Es un atractivo turístico, siempre está lleno de gente. Tiene una cubierta metálica muy llamativa y hay puestos multicolores de fruta, pescados, carnes, pan y recuerdos que hacen la delicias de los viajeros.





Barcelona bien merece volver algún día de nuevo para seguir disfrutándola. Hasta pronto.



Por si te la has perdido, otra entrada de esta preciosa ciudad 

BARCELONA NATURALMENTE



17.11.16

CAVILACIONES DE LA MIRADA






Mirada de cincuenta. La vida está trazada con la edad, con un lápiz de ojos que se quiebra en el contorno de los párpados. En el lado oscuro de la noche, cuando apenas las farolas ya alumbran, ahí aparecen las primeras sombras. Se empiezan a ver espectros oscuros, vestidos de miedo, que van y vienen. En el parque, detrás de la vegetación, escondidos en las fuentes, tras el kiosco de prensa, se agazapan esos temores para que al volver la cara los veas. En el pasadizo de la calle, en el arco, en la entrada, junto a la puerta se agachan esas figuras irreconocibles. Por mucho que te esfuerces no los verás, tu vista ya no los alcanza. Con el paso del tiempo solo ves perfiles como esas siluetas en el atardecer. Tus ojos se fijan, parecen cerrarse como las valvas de una almeja. Hay momentos que brotan lágrimas de carencia, momentos de impotencia por esa gafa olvidada. Ya no es como antes, cuando se agudizaba el sentido visual hasta ver más allá del horizonte, cuando se trazaban las líneas a carboncillo en el cuaderno o se rellenaban punteaduras en el estaño repujado.


obra de Alessandro Sicioldr


Los ojos pierden la mirada con el tiempo. Los instantes ya se esconden tras los reflejos de las lentes. Duelen los ojos de fijarlos en esas sombras que a todas horas se hacen presentes. Solo se intuye los detalles de las cosas, los de esa experiencia aprendida de años. Ya el vértigo en el precipicio ha desaparecido, ya no se ve con tanta nitidez la profundidad de las cosas.


Obra de Paul W. Ruiz


Los ojos solo ven ya la esencia. Ahora el mundo se convierte en una fuente de sugerencias. Ya no hay identidad, ni apariencia, solo emociones. Las imperfecciones se desprenden y desaparecen en destellos. Te espera
una lección diaria para aprender a transformar la distancia focal de las visiones. Las imágenes se van a presentar en bocetos, para que la graduación le saque sus detalles. 




Los ojos ven con la sinfonía del oído tocan el acorde del gusto y huelen aromas de recuerdo.Es tiempo de luces y ver esa viveza en colores, el perfil de las sombras y esa insinuación del contorno de las siluetas. El ritmo de la música se afina en la mirada como un violín. La cocina se envuelve de olores y se hipnotiza el aliento de sabores. El polvo ya no se ve como antes, ni las rayaduras, ni las manchas, ni las arrugas. La vida se envuelven de fragancias: manzana, mandarina, guayaba, tierra mojada, hierba cortada, flor de azahar y piel de membrillo. 

Esos ojos invitan a que sobren espacios. La vida ya se lleva sujeta a interpretaciones. Se cierra el álbum del recuerdo, las imágenes salen de sus marcos como aves migratorias. Se moldean todas las identidades con rostros deshabitados. Las sombras permiten imaginar y construir del otro lado.

Ahora sonríe a ese vistazo, a esa ojeada callejera y a ese esquinazo del tiempo.


(Foto del comienzo: Vladimir-fedotko y La música es de Lhasa, envolvente, única)



10.11.16

MAURACA





Huele a otoño, a verde musgo y a murmullo de arroyo. Se va acortando el día, se siente el cambio de estación.

La fruta cae de los árboles y las ramas se van aligerando del agotador calor del verano. Afloran los agro-colores, es tiempo de ritual. 

El día se ha despertado en La Alpujarra con un cielo de estela azulina. El sol enluce todo a su paso y lustra la pizarra en los terraos. 








Es hora de confidencias y de perseguir sombras, subamos pues por la escalerilla a la azotea que aquí el aire es el único que le pone buena intención a tus propósitos.

La tradición nos trae aparejada esa mezcolanza de magia y religión. Fiesta ancestral. Encendamos velas para acompañar a los difuntos, reconozcamos a nuestros fantasmas. Es noche de finados, vamos a salir al amparo de esos seres olvidados en la oscuridad. Noche de máscaras. Se impone romper esas fronteras entre nosotros y el más allá.




Arde la noche al abrazo de una lumbre hechicera, los tejados son abrazados por una niebla vespertina. 







El espectáculo comienza. El escenario frente a nosotros. Un aura anaranjada atrapa los tejados dejando ver las siluetas silenciosas de una horda de fogones apagados. Los grandes ojos se encienden y apagan mientras que la nube baile una danza etérea. Un aire frío nos estremece y el vapor opaco va siendo aplastado por la noche.




Fuego a tierra. Se realzan los efectos de las luces de las farolas, ese amarillo de vapor de sodio que apaga y que enmudece y que va creando efectos fantasmagóricos. Las estrechas calles con sus balcones han dejado palidecer el verde de las macetas. Los tinaos son espectros que se alinean en sus siluetas. El campanario se transforma, es blanco y es azul, un tornasol embriagado por el humo de las candelas.







Mauraca es noviembre y es noche. Es castaña, azúcar y aguardiente en la Plaza Vieja. Olor a matalauva y a canela en rama. Mauraca es calabaza con cara de acelga. Mauraca es una tradición de fogones en la noche, en la calle, al abrigo del fuego y con tragos de mistela.







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