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27.7.16

VIAJAR CON ESTILO





Jardines y ciudades. Maravillosa conjugación.

Si te gusta la jardinería, un viaje se convierte en un verdadero placer para los sentidos. Ya no es sólo la satisfacción de descubrir una nueva cultura y ver monumentos con identidad propia, es mucho más.

Generalmente el jardín se encuentra junto a ese monumento ya sea palacio, catedral o icono del país. Te ofrece el momento para relajarte, dejarte llevar, tranquilizar la mente y sobre todo tus pies ¿qué ves en cada jardín diferente a los demás? ¿qué tiene de novedad? ¿qué te inspira?





Son las preguntas que nos hacemos los amantes de este mundo maravilloso del jardín. Nos gusta descubrir SU ESTILO: impresiones, colores, matices y formas que lo hacen ÚNICO.

Nos gusta ver como el espíritu creativo del artista que lo inspiró permanece vivo y latente. Cómo dibujó los macizos de flores, los arbustos y árboles, donde ubicó los elementos arquitectónicos, los caminos, los bancos, las estatuas y las fuentes,…..cada uno formando parte de este TODO.






Quiero hacer llegar por un instante lo que cada jardín me ofrece, con su estilo y cómo me hace descubrir facetas nuevas de la ciudad.

Un viaje a GRANADA es disfrutar de los jardines de La Alhambra. 
Jardines de setos recortados de boj y ciprés, borduras de mirto y arrayán, rosales de mil colores junto a fuentes y surtidores; ver la acequia real como hace fluir su agua por doquier ¡qué maravilla!




La impresión árabe en cada rincón y en cada patio del palacio; como éste del Ciprés de la esposa de Boabdil donde se encontraba con su amante. Un espacio íntimo.





El Generalife, la casa recreo de los  sultanes, es todo un simbolismo poético y religioso y así lo manifiestan sus jardines. Es el momento de buscar la tranquilidad, el refresco espiritual. Jardines abrazados por muros y apartados del mundo exterior. Los aromas a azahar, a jazmín y a lavanda te envuelven en ese instante.




AVILÉS nos traslada al jardín paisajista con el parque de Ferrera. Árboles y arbustos plantados al azar que inspiran libertad, saltar y correr por sus extensas praderas verdes recorrer sus senderos sinuosos encontrándote con lagos donde patos, cisnes y gansos disfrutan de lo lindo en su paraíso particular. Bancos con gente leyendo, comiendo o simplemente con sus pensamientos. Niños jugando.








Pienso que todos lo jardines están impregnados de un toque de romanticismo.
Y  sobre todo este hermoso jardín del palacio Schömbrum en VIENA, 
la residencia de verano del imperio de Sissi. 
Sólo me faltó vestirme de época con vestido largo y peluca de bucles 
y pasear por el jardín llena de bordados y encajes. 

No tenía duda que es un jardín barroco.






En estos jardines barrocos la geometría y la perspectiva se amplia, 
La planta hecha dibujo a capricho sacándole los colores. 
Borduras, macizos de flores, plantas recortadas.
El espacio está medido al milímetro es un jardín encorsetado diseñado para contemplarlo y admirar su belleza. 
Jardines que he encontrado también en BRUSELAS 

y en BOURGES en Francia.









También he visto jardines convertidos en colección como éste, cerca de AMSTERDAM en Keukenhof, espectacular!!! Treinta y dos hectáreas pintadas de color a trazo de pincel con la floración de los tulipanes. Un diseño realizado con millones de variedades de bulbos. 
Quién lo ha visto no lo ha dejado indiferente. 





La floración está al unísono de una música celestial. 
El trabajo de los jardineros es estupendo siempre pero aquí, es impecable; 
no puede haber tanta perfección en el cuidado de las plantas.








Quién diría que esto fue en el siglo XV un terreno de caza, donde se recogían hierbas para el castillo de Jacqueline de Baviera. De hecho Keukenhof significa “el jardín de la cocina”. En 1949 fue la primera exposición de plantas bulbosas y ahora se ha convertido en un festival anual. Para visitarlo hay que hacerlo entre marzo y mayo.





Hay otros jardines donde se mezclan los estilos, hay praderas y cerramientos, estatuas y borduras, setos recortados…. PARIS te ofrece esta variedad en 
Las Tullerías. Vas paseando de un extremo a otro y toda esta mezcla maravillosa la puedes ver en un paseo de apenas dos horas.








Sí hay algo en común en estos jardines es la influencia del Renacentismo italianoEn todos los rincones hay estatuas, desde clásicas a modernistas. 
Son el foco de tu atención y tan llamativas que merece la pena ir contemplándolas una a una. 







Las zonas de pradera están muy bien cuidadas, están hechas para el disfrute de pisarlas y tumbarte sobre ellas. Los macizos de flores como siempre, tan llamativos de una gran gama de colores.

Tu caminar pasa de la calma y el descanso a zonas ajardinadas donde se te revitaliza el ánimo.

Hay también caprichos modernistas, techos ajardinados como éste de unas oficinas en GRANADA, cubierto de pequeñas plantas cespitosas como tejiendo una alfombra; 





o los balcones y tejados de esta casa en VIENA, Hunderwasserhaus, llenos de más de doscientos árboles, arbustos y césped. Todo un reto al diseño y no quiero pensar en el jardinero que mantienen a raya tanta vegetación, sorprendente ¿verdad?





Y por último, un "jardín" muy especial para mí y maravilloso, 
el de los fondos marinos. Falsas plantas de corales variados y multicolores. 
Aquí las flores se mecen con el mar y no todos los mortales pueden disfrutarlas.


 


fotos de archivo

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24.7.16

COMME CI, COMME ÇA





No quiero café, no, la cafeína se me adhiere a lo más cercano que tengo: la razón.

(Siempre me he preguntado por qué este alcaloide no está entre las drogas prohibidas, existe una adicción y un síndrome de abstinencia del café más que probados; tal vez sea un olvido o solo falta de lógica. Bueno qué más da, una más del repertorio de conductas incongruentes…)

El café es el aroma del recuerdo, el mío es el de estudiante. Lo tomaba para mantenerme despierta y amarrar mi memoria en tiempos de exámenes. Tengo que reconocer que aún me encanta su olor ¡uhm! esa agua evaporada que atravesaba la molienda en la pequeña cafetera italiana de rosca. Se impregnaba toda la habitación… esa cafeína que se bebía a sorbos largos y se iba sintiendo a cada trago…Sí, claro, que me quedaba despierta y hasta las tantas, pero llevaba muy mal esa taquicardia que me acompasaba la memoria; se me nublaba un poco la mente (me imagino que por la dosis) y mucho peor era cuando me iba de vareta. Aumentaban mis ondas peristálticas, convirtiéndome en un trapo, ablandando lo más íntimo y cavernoso: mi opaco ser interno.





(El café es para mí bandera roja, mar embravecido,  apretón de esfínter hasta el “water closet”, al trono; y para colmo que no tenga ese bendito papel higiénico a mano y cerca ese práctico invento español que es la fregona. Valiente artilugio. Un palo con una peluca de tiras de trapo o de fibra… ¿Cómo a algo tan simple, le han colocado tantos nombres? Lampazo, trapeador, mapo, mopa, trapero, coleto, suape, palo de repasar, mocho (ese sí lo conozco), aljofifa (este último, tan cursi y que, para colmo, es andaluz). Y pensar que la fregona solo es un año mayor que yo; es joven, muy joven…. y hay que ver el avío que hace. Eso sí, poco usada por la parte masculina del hogar. ¿Y quién lo diría?, es un invento ingeniado por un hombre, je,je, lo que digo incongruencias. Es como muchos oficios: cocina, cocineros; tela, sastres; zapatos, zapateros; joyas, joyeros…Oficios donde la mujer tiene la mayor parte del disfrute. Pues sí, un invento español, nada menos que el artífice fue ¡un ingeniero del ejército del aire!, si al menos hubiera sido la escoba… Le llamó “aparato fregasuelos”, ¡qué ocurrente!)




Ya no tomo café desde hace tiempo, con razón, procuro mimar mi sueño y no sentirme despierta como una lechuza en la madrugada escuchando los sonidos de mi más allá. Para colmo me han contado que influye en la osteoporosis ¿sabes lo que supone esto para las pre, post, menos, páusicas?  Sobradas son las razones. Desde hace tiempo me he dejado llevar por infusiones más lights: hierbaluisa, manzanilla, anís. He vuelto a mis orígenes, cuando era pequeña siempre tomaba manzanilla. Recuerdo el techo del cobertizo de la abuela lleno de manojos de manzanilla. Olores que se mezclaban con higos secos, vino mosto, pasas, almendras, aceite,…




(El origen de todo. Dicen que fue una explosión “Bang”. La fermentación de la vida. Es como si a una lata de cerveza la tiramos contra una piedra “Pshhhh”, burbujas, espuma y agua. Así de simple. Ni fu, ni fa, y las levaduras desparramadas, volteadas. Y por un casual, en este apasionado torrente, los ácidos nucleicos confeccionando el punto de partida de lo que será la línea genética de los humanos. Son tres mil genes los que compartimos con este hongo S. cereviciae,  ¡vamos, que somos un 12% levadura!, ¿quién lo diría, verdad?)

Si se  trata de vivir más tiempo, pues yo tiro para mis orígenes. Prefiero la cerveza al café. Es cuestión de opciones, para mí es más acertado salir corriendo al baño por problemas de diuresis. Más juicioso diría yo, y no hay que echarle tanta imaginación en momentos de apuro. 

¿Venga echamos una cervecita? yo pongo la música




Pinturas  de las tazas  son  de Mark Kazav  y  Cathleen rehfeld, en este orden

22.7.16

EL CRUCE DE LOS RÍOS





Hace tiempo os descubrí en el blog este maravilloso paraje. Un rincón muy familiar para los que somos de aquí, los del valle verde. Nos encanta ir, tal vez no con la frecuencia que se le debe a la naturaleza del lugar.

Recientemente he vuelto a visitarlo y, ya que las entradas del blog necesitan de amorosos cuidados periódicos, he decidido que a esta entrada le tocaba su puesta a punto. He añadido más fotografías y algún que otro párrafo histórico interesante para mejorar su espíritu.

Es una ruta verde, de esas donde se funde el color de los pinos con el del agua. Un itinerario muy interesante para los amantes del senderismo y el rafting.







Sierra de Almijara, y más en concreto, una estribación de ella, la Sierra de Cázulas, se encuentra entre las provincias de Granada y Málaga. Aunque Granada se lleva la mayor parte.


Las montañas han creado el cruce de los ríos Nacimiento y Verde (La Junta como le llama por aquí) donde barrancos y vaguadas llenan pantanetas y van salpicando saltos de agua que alegremente bajan hacia el mar, regando un hermoso valle de cultivos subtropicales. Un valle que recibe las corrientes cálidas del mar y el abrazo abrupto de esta sierra.









Cázulas ha sido repoblada una y otra vez, primero por intereses madereros de la serrería, tronco tras tronco, año tras año, y después por el daño que había dejado el fuego. Un incendio  que la asoló en 1975 hasta la esterilidad de la roca, dejando algún vestigio vegetal en las zonas más protegidas. Aún recuerdo siendo niña este incendio, asoló este lugar convirtiéndolo en un paisaje lunar. 

Ahora se ve una sierra caliza, con venas de mármol rosado y pinos encaramados entre las rocas, como grandes bonsáis. Hay un monte bajo de coscojas, tomillos, romeros, aulagas,… y destacando en el paisaje unos castilletes de roca brillando al sol.








Es un lugar muy especial para mí. Siempre me ha cautivado. Y cuantas veces bajo por aquí de Granada a Almuñécar por simple capricho, dejando el estrés de la autovía. Su carretera serpentea en toda la bajada con el precipicio a los pies y aparecen grandes ventanales al mar en plena montaña. 






Esta carretera fue hecha a pico y pala, y ahí está, firme. La llaman la carretera de la cabra. Siempre ha habido cabras monteses por estos parajes, y raro es el día que te paras y no ves a una deslizando sus delgadas patas por los roquedos en el silencio de la sierra al atardecer.







Estos paisajes han sido erosionados por el tiempo. El agua año tras año ha ido socavando la roca, creando más abajo caídas y pozas en las gargantas más estrechas. El contraste es muy significativo entre las cimas montañosas y el lecho de los ríos. Aguas cristalinas van siendo filtradas por la arena. En algunos lugares desaparece para emerger donde menos te lo esperas.






Tal vez de lo más llamativo son todos los tipos de caídas de agua que se pueden ver atendiendo a formas, pendientes, fondos y caudales. Los más bonitos son los saltos, las cascadas y los velos. Esas veladuras de agua que apenas van cubriendo la superficie de la roca, que van bajando dejando ver ese color amarillento de la caliza tan llamativo. 







También encontramos cuencos de agua que son verdaderas piscinas naturales. Son una verdadera gozada zambullirse en ellas, son las más evocadoras... Aquí veis una, no es para daros envidia (bueno también, qué mala) es para que os hagáis una idea del tamaño que tienen. Mirad también como se asoman alguna de las pasarelas que existen atravesando el lecho y llevándote de un lado a otro del cauce.














Hay que ir preparado de botas, porque el sendero no siempre está marcado, y tienes que dejarte llevar por las pisadas que han ido erosionando y han creado el paso. Hay subidas y bajadas, se han roto ramas y se han desprendido rocas al paso de los visitantes y los deportistas que diariamente vienen a bajar por el río. Algunas pasarelas se han caído con las avenidas torrenciales de años anteriores que arrastraron todo a su paso y provocando inundaciones en Almuñécar (este si es un mal recuerdo, la verdad).










Las paredes de travertinos de este paraje son espectaculares, esas precipitaciones de la cal en raíces y ramas solidificando sus entrañas hacen que te pierdas en fantasear, pero en esta ocasión vamos a recoger un poco de historia y no mitológica precisamente (esa la veréis en el enlace que os dejo al final). Aquí vivieron “maquis”, huidos republicanos, guerrilleros cobijados en estos rincones. Estuvieron al fuego de estas cuevas abiertas, entre esta vegetación, la que les dio su nombre, haciendo carbón, pastoreando, recogiendo esparto y preparando los asaltos a la guardia civil. Según cuentan, la agrupación guerrillera Málaga-Granada de estas sierras, sobre 1948-51, fue una de las más eficaces de toda España. La sierra está salpicada por estos senderos pedregosos, muchos fueron marcados por estos guerrilleros y más tarde por pastores. Los más marcados son senderos de comunicación, caminos ancestrales y cañadas reales. Algunos de éstos, la administración los ha marcado como senderos de montaña. Tras el tiempo y la erosión suelen tener tramos confusos que se pierden entre la vegetación, al igual que se esconde el lecho del río, como he contado, unas veces aparece con agua y otras seco. 









Uno de mis lugares preferidos es el Salto de los árboles petrificados y su pequeña gruta. Se accede a ella por un sendero en mitad de la ladera, un camino escarpado e irregular entre matorral de romeros, jaras y enebros. En las zonas más húmedas se esconden los brezos y junquillos invitándonos a beber agua.





Terminamos con estos puentes colgantes atravesando las pozas y los saltos de agua. El lugar más visitado por la gente, casi llegando al pueblo de Otívar. Es el lugar más atractivo del recorrido para comer y bañarse y el que está más cercano al medio rural. En estas montañas encontraremos tres pueblos, Otívar, Jete y Lentejí, unos encaramados en la montaña y otros ya casi en el cauce del río Verde.

En invierno hay momentos que podemos ver a esta sierra con nieve compitiendo por el blanco con la Sierra Nevada.






Y hasta aquí nuestro recorrido por la Sierra de Cázulas y su Cruce de los ríos, la Junta de los ríos. Espero que os haya gustado. Os dejo tres enlaces, de parajes similares, maravillosos, vergel, agua y fantasía; y un enlace de un alojamiento rural de una amiga que tiene su casa muy cerca del cruce de los ríos, por si os animáis a venir. Con ella paso inolvidables y buenos momentos. Saludos y hasta otra.



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14.7.16

PUEBLOS BLANCOS





Nuestro viaje deja la costa del sol y de la luz, para adentrarse en carreteras de montaña; en una sierra que se esconde entre Cádiz y Málaga. 

Nos encontramos con unas estribaciones montañosas muy desconocidas para mucha gente. Entre cerros, laderas y tajos se va perdiendo el tiempo, parece como si se detuviera. No hay que tener prisa, no sabes cuando aparecen los pueblos ni cuando vas a llegar a su entrada. Los caminos son como serpientes cayendo por las laderas, subes y bajas sin darte cuenta. Cada valle, cada loma deja entrever manchas blancas que aparecen salpicadas en el paisaje entre bosques de encinas, alcornoques y pinos. La mayoría están en el Parque Natural de los Alcornocales.

Gaucín, míralo ahí arriba, encaramado en la faldas de la peña del castillo. Toda una estampa. Pero para pueblos bonitos, mira éste: Vejer de la Frontera


Vejer de la Frontera

Las luchas entre moros y cristianos han dejado a estos bellos pueblos gaditanos con castillos y murallas. Muchas de estas fortificaciones aun abrigan las casas de la gente de esta tierra. La muralla kilométrica y bien conservada de Vejer abraza el casco antiguo dejando abierta sus cuatro puertas en forma de arco.

Adentrarse en estas localidades es subir por estas calles empinadas y estrechas que se van abriendo a patios y arcos de legado andalusí. Recovecos de piedra, cal y teja.
Constituyeron la "Tierra de nadie" del valle del Guadalquivir, la frontera entre el cristianismo y el islam.




Castellar de la Frontera, Castellar Viejo

 Muchos de estos pueblos de los nazariés han sido declarados Monumentos históricos artísticos por tener su casco antiguo conservado dentro de las murallas de los viejas fortalezas. Castellar Viejo de Castellar de La Frontera, se ubica también encaramado, como no, pero tiene el privilegio de dominar la bahía y el campo de Gibraltar. 



Genalguacil, pueblo de artistas

Perdidos en la sierra, como están estos pueblos, en sus recodos rurales, muchos artistas se quedan. Sus esculturas conviven con la cal año tras año, entre la arquitectura popular andaluza se pueden ver estos detalles. Estamos en Genalguacil. 




Me quedo con alguna obra, como ésta hecha en un tronco de madera. Un recuerdo del tiempo, aquellos viejos del lugar que ya fallecieron.






Y hasta aquí esta corta crónica viajera, esta ruta por los pueblos blancos. 

Finalizo con un pequeño homenaje a la gente de esta tierra gaditana, a otro artista, al poeta. 




Si quieres conocer algo más de Cádiz te dejo otro enlace: