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22.11.15

DE ALMUÑÉCAR A SÂO PAULO. PUERTO DE SANTOS Y METRÓPOLIS


Acercando la lejanía. Mabel Lorenzo

“Ausencia, ausencia, si tan solo tuviera alas para volar a través de la distancia….pero solo en mis pensamientos puedo viajar sin miedo y mi libertad la tengo solo en mis sueños” Cesária Évora

Este viaje, este sueño, comenzó en la etapa de "Almuñécar a Sâo Paulo. El sueño de América" y siguió con "Almuñécar a Sâo Paulo El embarque" esta es la última etapa del viaje.

Ramón llega a porto de Santos. El desembarco y los trámites de la llegada, otro idioma y una larga espera con una familia exhausta de un viaje de dos semanas. Muchos desde comienzos de siglo pisaron este puerto y llegaron a esta tierra.
















Pasar por Aduana, otro trámite más en el puerto de Santos. 



















Por lo general los emigrantes se trasladaban a la ciudad de Sâo Paulo, a la Hospedaría de los Inmigrantes (hoy el Museu da Imigracâo). Antes debían de esperar en salas acondicionadas para ir a la Hospedería.


De cuatro a diez mil personas llegaron a alojarse a la vez. No estarían más de ocho días. 





cruzeiros





























Descansar, dos comidas al día, tratamiento médico (había enfermería) y salas preparadas para los recién nacidos que habían visto la luz en alta mar. Un gran salón convertido en dormitorios con catres y esteras de paja en el suelo.






 
Hospedería, hoy es un Museo 























La comida estaba racionada por edades, si eran mayores o niños, los menores de tres años no recibían nada. 

Muchos emigrantes se quedaban en el puerto, en barrios pobres con un deficiente saneamiento. Otros en las colinas cercanas a los muelles o junto a las líneas férreas.





La Agencia Oficial de colonización y el trabajo responsable tenía intérpretes para ayudar. Informaban y  despachaban a las provincias donde iban. Había emigrantes que sabían de paisanos o familiares que vivían allí. Otros necesitaban contactar con futuros patrones en las fazendas cafetaleras.



Bolsa del Café en Santos
cargando café en el puerto






















Algunos tenían billetes gratuitos de ferrocarril para llegar a las haciendas.


Allí encontrarían un cuarto con un banco de madera (la cama) mesa y sillas. Sembrarían maíz, judías, criarían gallinas y cerdos entre los cafetales. 



Una familia podía ocuparse de la recolección y cultivo desde 800 a 5000 plantas y podrían cubrir las necesidades básicas. Comprarían con su primer sueldo el sustento de meses: harina de trigo, grasa, sal, bacalao, jabón, carne en lata y queroseno y alguna cerveza (ocasional). 





Los contratos eran fijos o temporales como apañador de café, colono o transportadores de café. El trabajo era duro en plena selva virgen. Muchos de los emigrantes quedarían y otros se irían a la ciudad.



secando el café


Vivir en Sâo Paulo. Había emigrantes que optaban por la ciudad, el caso de Ramón. 

Los barrios más populares eran: Brás, Moocá, Belenzinho, Tatuapé, Pari, Ipiranga. Conocidas en el barrio de Brás, la vieja Hospedería ,una pensión, Dos imigrantes de la rua Visconde de Paunaiba o el hotel El Andes.




Junto con portugueses e italianos, comenzaría a convivir Ramón y su familia. La primera oleada de emigrantes en el siglo XIX fueron mayormente italianos y mucho de ellos ya eran propietarios agrícolas o tenían negocios en la ciudad y contrataban a españoles. Ramón trabajaría en la ciudad en pequeños comercios y su esposa, con su hija pequeña, se iría un tiempo a trabajar a una hacienda cafetalera.






Ramón vivió el crecimiento grande de Sâo Paulo. Los años 50-60 fue una época brillante. Trabajó en el transporte de grano, en el comercio, fue vendedor y algunos de sus familiares trabajarían (y trabajan) en las fábricas de automoción.

En 1950 esta ciudad era una gran metrópolis con rascacielos y con una urbanización bastante novedosa. La producción industrial creció: Acero, mecánicas, eléctricas, comunicaciones y equipamientos para transportes. Sâo Paulo era el mayor parque industrial de América Latina con sus grandes marcas: Ford Motor, General Motors, Volkswagen, Mercedes Benz, Phillips, Toshiba, etc.



Hijos de Ramón y Mª Carmen



Ramón envía cartas y fotos a su madre y a sus hermanos (las cartas desaparecerían con mi abuela). 

Fotos de sus hijos, su familia nacida en Brasil. Su madre, Manuela, se reuniría con él en estos años cincuenta. Moriría poco después.




Ramón con su madre Manuela
Manuela (Mi bisabuela)


Mi familia perdería el contacto a finales de los años 40. No se volvería a saber nada de Ramón.



Ramón con su familia. 1947

Para entonces el Instituto Nacional de la emigración de España controlaba la salida de emigrantes. Se firman convenios bilaterales con países latinoamericanos. El sindicato vertical franquista para la emigración controla la situación (en esta década de los 50 a los 70 hubo otra gran oleada de emigración española a Brasil). 
Se firma en esta época el tratado de emigración entre Brasil y España. Partían para allá emigrantes con familiares ya asentados, jornaleros no cualificados, obreros industriales. Ya permitían el envío de los ahorros a los familiares que quedaban en España.









Ramón aprendió a domar el lenguaje, un portugués con acento español. Pasaría el tiempo. Se casaría de nuevo en 1951 con una italiana Antonieta Magdalena. Tuvo tres hijos, de los cuales sólo Roberto vive. 


Foto enviada por su hijo Roberto, está con su padre Ramón
 y 
su madre Antonieta, con sus hermanos
 y una ahijada. 1955

Ramón años 70











Ramón murió en 1973 con 75 años y con él se cerrarían las maletas que llevaban aquellos otros paisajes que quedaron atrás. El deseo de volver se diluye con él. Brasil ya es considerado como la tierra que les acogió, de la libertad. Han hecho su porvenir, su hogar, sus raíces. Ya están aquí. Para la segunda y tercera generación la nacionalidad española es un pasaporte más.






Sâo Paulo es la ciudad más poblada de toda América Latina. Con una gran diversidad étnica. Corazón financiero y económico que impresiona por su modernismo y que atrae a todo tipo de negocios e inversiones. Aquí sigue viviendo la familia de Ramón y la de tantos otros emigrantes españoles.

Roberto, hijo de su segundo matrimonio, vive en el Estado de Sâo Paulo, en Sâo Bernardo do Campo, ha trabajado en la General Motors y gracias a él he podido reconstruir los pedazos de esta historia. El contacto se ha extendido por internet, y ahora conozco de forma virtual a la familia de su primera esposa: Gracia, Angelina, Wilson y Vagner e incluso a una descendiente de una cuñada de Ramón: Antonia, hija de Josefa. Con ella he podido completar esta historia porque nos hemos llegado a conocer personalmente en Almuñécar. 




Antonia Alcalde, sobrina de Ramón (hija de su cuñada Josefa
que viajó con él desde Almuñécar a Sao Paulo) y Manuela mi bisabuela. 

En Sao Paulo 1950

Antonia Alcalde y yo. 
En Almuñécar Junio 2016



ETAPAS ANTERIORES DEL VIAJE DE ESTE EMIGRANTE




   


21.11.15

DE ALMUÑÉCAR A SÂO PAULO. EL EMBARQUE



Barco de Inmigrantes de Juan Carlos Boveri

“Cada uno de nosotros compone su historia, cada ser en sí carga el don de ser capaz de ser feliz " María Bethania. 

Esta es la historia de un emigrante andaluz. Si quieres conocerle su historia comenzó en "De Almuñécar a Sâo Paulo. El sueño de América".




Ramón y su familia gozaban de buena salud y sin deformación física alguna. 
Éstas eran algunas de las exigencias para ser emigrantes. No era todo. Había trámites de inmigración y además tres niñas, sin edad laboral. Eran trámites complicados burocráticamente y caros (y conforme pasaran los años más).



Muchos conseguían pasajes y papeles a través de redes mafiosas que operaban en puertos. No sabemos si fue el caso de Ramón. Y tal vez no tuviera que presentar tampoco la carta de trabajo. 





En 1940 ya la necesitaban, era el contrato de trabajo para salir de España. Lo expedían los consulados hispanoamericanos ubicados en Cádiz u otros puertos de Andalucía. Un documento irreal, falso, que nadie reclamaba allá, pero necesario para entrar al puerto de Santos. A partir de 1948 la carta de llamada, visado por el consulado español, ayudaría a obtener el pasaporte. 



Pero estamos en 1923 aún todavía no estaba bien organizada la red de la inmigración entre España y Brasil. Sí estaban organizados los “ganchos” que recorrían pueblos andaluces prometiendo “El dorado”. Testaferros conectados con cónsules americanos y empresas de transporte. 
Engañaban prometiendo tierras en Brasil. También los que legalizaban esas cartas de llamada ilegales. Cobraban el pasaje del barco y todos los trámites burocráticos a precio de 10.000 pesetas (60 €, en estos años eran como 6000 €) por una familia de cinco miembros, matrimonio e hijos pequeños (el gobierno hizo campañas en contra de esta mafia incluso con ayuda de maestros, pero no se evitó).



La partida. Con dos baúles de madera, dos maletas, dos sillas, bufandas y jerséis tejidos, pantalones de paño, una foto de familia, estampas de la virgen de las Angustias y un rosario. Ramón y su familia partieron de Gibraltar. Había puertos más cercanos: Málaga, Almería, Cádiz, pero era Gibraltar el puerto que utilizaban los andaluces que iban a Brasil, a Sâo Paulo. 



Ahora toca esperar al embarque, días, semanas,…tiempo compartido con otros emigrantes y la ralea del puerto: estafadores, intermediarios, falsificadores y reclutadores atraídos por los ahorros de bolsillos y maletas.





Buques de más de tres mil toneladas (Provence, Spagne, Italie y Aquitaine) con ruta habitual desde Marsella y Génova hacia Argentina, pasando por Brasil. Ramón y su familia tomaron el Aquitaine. 



Eran tiempos de desarrollo de la industria naval y la marina mercante pero no exenta también de vilezas y engaños. 








Los armadores de compañías de navegación hacían de las suyas para obtener bajos costes de transporte. Ramón encontró un buque hacinado de gente, con poca tripulación, una comida de escasa calidad, insalubre, espacios reducidos y precarios y pésimas condiciones de higiene a bordo. 


















Todo esto junto a la pesadilla de viaje: hedor de bodegas, la humedad de literas, ruido de motores. Mucho frío. Mareos y fiebres. Condiciones que llegaban a fomentar abuso y promiscuidad. Además, ese abismo social. Los inmigrantes en 3ª clase o en bodegas. En 1ª y 2ª  están quién paga más (comerciantes, clero, oficiales, médicos, gente pudiente). 


Desde su cubierta podían ver la cubierta de tercera, sentados en cajones, sillas y colchones de lana enrollados. 


El baile era una distracción que les hacía olvidar la realidad. 



Y pensar que los primeros inmigrantes en 1800 soportaron travesías de 50 días. La bodega con cuatrocientas y quinientas personas hacinadas. 

Ramón tardó unas dos semanas. 


Con el tiempo el coste del pasaje disminuiría y la seguridad y las condiciones de los buques mejorarían.